Su cuerpo tembló con aquella contracción. Y se asustó porqué las paredes se volvían como de papel y se le pegaban a la cabeza, a los brazos, a las piernas. Aun podía respirar, pero el aire se estaba volviendo muy seco. El corazón le latía a un ritmo frenético. Cayó sintiendo vértigo y al siguiente segundo, una tremenda fuerza la lanzó al vacío casi en el mismo instante en que ya no pudo respirar mas. Se ahogaba rodeada de luces y ruidos que aun no podía ni ver ni oír. De pronto, un golpe seco le marco la piel. Reaccionó de inmediato ante tal acto abriendo la boca e insuflando un aire nuevo que le desplegó el pecho y le provocó el llanto. Era la primera vez en la vida que lloraba, pero no sería la última. Sintió entonces que alguien la llamaba con una voz conocida. El miedo a lo desconocido desapareció como había venido. Retiró los párpados y vio su nuevo mundo emborronado. El reloj marcaba las ocho. Era la primera vez que nacía.
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M’encanta!
I sí, tens raó, renaixem molts cops a la vida…
Gràcies Mia. Una mateixa vida pot fer, tal i com dius, que hagis de nàixer i nàixer. I en les altres… ja ho veurem. Ja ens veurem.
Yo apuesto por “No era la primera vez que nacía”
Llevamos muchas vidas a la espalda y ninguna es esta.
Felicidades mutante.