De nuevo respiro cansando.
Me pesan la vida y las cosas hechas y por hacer.
Me siento olvidado.
Quisisera poder dormir y, al despertar, ver que todo era un mal sueño, una pesadilla provocada por la ansiedad. Quisera poder dormir y tener la certeza del despertar, pero nadie puede testificar contra la muerte.
De nuevo la soledad.
Me duelen los buenos y malos momentos.
Me siento olvidado.
Ayer fui parte de la noche. Ayer quise esconderme de la muerte. Intenté cobijarme al amparo de la oscuridad, creyendo que pasaría de largo. Pero no fue así, se escondía junto a mi. Sus ojos eran los míos, su aliento manchaba mi piel.
De nuevo la fatiga me vence.
Me cruje la sangre al pasar por las venas.
Me siento olvidado.
Miré hacia el cielo buscando los suspiros de aquel que me creó. Buscaba su misericordia, una brizna de esperanza que me hiciera creer que el destino no me había marcado… pero sólo avisté una estrella perdida entre matices de negro, y grises.
De nuevo llora mi corazón.
Me muero de vida, me muero sin ella.
Me siento olvidado.
Disfrazada de paz, se acercó a mi una buena mujer presumiendo de tener el elixir de una mejor vida. Una mejor vida más allá de todo lo visible, más allá de todos los pesares. Quizá debí creer en ella, más sólo sonreí y me alejé.
De nuevo se sellan mis labios.
Me tiemblan las manos, me tiemblan los años.
Me siento olvidado.
Quisiera no tener que ceder a su capricho, lograr que se desentienda de mi para no tener que desentenderme de ella. Quisiera ver cómo muere la muerte y cómo la amargura desaparece de los borrachos de la vida.
De nuevo se queja mi alma.
Me niego a perderlo todo, a llegar a nada.
Me siento olvidado.
Ayer, al estar junto a ellas, se me partía la vida, al intentar que se vieran, y no conseguían verse. Las dos luchaban por ideales, las dos gritaban contra la suerte. Pero sólo una de ellas logrará poseerme.
De nuevo la inexistencia.
Me pesa el pasado, me aterra el futuro.
Me siento olvidado.
Ayer fui parte de la noche. Volé junto a los árboles y me quedé junto a ellos. Quise ser árbol, conseguir el sosiego que poseían. Quise que me durmiera la brisa del norte. Quería vivir, que me dejaran vivir, creer que no estaba allí.
De nuevo se cierran mis ojos.
Me roban la vida y no puedo hacer nada.
Me siento olvidado.
En medio de mis sueños de amor, está ella. Con ella respiro. Ya vivo con ella, como con ella, sufro por ella. Es como un segundo gran amor consumado. Como una segunda flor, negra.
De nuevo sin sentido.
Me envenenan a muerte, me muerden atroces.
Me siento olvidado.
Estragos en una vida. Asaetado por extraños, bañado en veneno blanco. Caliz de dioses me hacen, santo desconocido. Joven libertino me nombran, capricho de soberanos y reyes. Hambre de sensaciones aviesas. Infiernos y placeres.
De nuevo sin fuerzas.
Me retuerzo de la rabia de mi duelo.
Me siento olvidado.
Busco consuelo, mas no lo hallo. Sólo un alivio, un algo esperado. Me siento a merced del tiempo, al vivir en vano. Me inquieta su risa, me sobrecoge su expectro. Dueña de todo lo humano, se lleva el amor… y el más amado.
De nuevo infortunios.
Me rio llorando al vivir los recuerdos.
Me siento olvidado.
Quisiera no tener que morir y que nadie muriera. Ella me la roba a ella. Ella muere cuando muero yo. ¡Ladrona de romances, a medianoche! Reina de la desventura y desventurados. Brillantes de lágrimas muertas.
De nuevo la muerte.
Me llevan al filo de lo vivido.
Me siento olvidado.
MXMLXXXVII
Israel Conejero (c) 2008